PROPÓSITOS
DE LECTURA FOLCLÓRICA
Intentaremos, una vez a la semana, o cada quince días, realizarles
un relato oral, manteniendo siempre la misma liturgia y algunas condiciones
especiales (la luz del aula un poco más tenue, adecuación del tono de voz ),
para conferir a estos momentos cierta “magia”. Queremos crear una hora especial
para ellos, que conozcan y esperen con ganas: “La hora del cuento mágico”.
Vamos por un lado a intentar que aprendan de manera lúdica, y por otro, a
mantener vivas tantas y tan preciosas narraciones folclóricas.
EN
CUANTO A LA ADAPTACIÓN
Para la adaptación del cuento “Toda la
clase de pieles” que se puede leer a continuación, he intentado obrar, en la
manera de lo posible como si de Wilhem Grimm me tratara. Mi filosofía será la
de mantener en la medida de lo posible el relato original, realizando las
adaptaciones necesarias para el público al que va dirigido. En este caso,
pretendo que se lea en tercero de educación primaria. Si me apuráis, podríamos
utilizarla como una de las primeras historias que les leeremos ese año..
Me
ha gustado la originalidad del relato (no lo había escuchado nunca). De modo
que esperemos sorprenderlos y comenzar a “engancharlos” para conseguir que
esperen la segunda sesión de cuentos maravillosos con más ganas que la primera.
Creo que es un tema que en esa edad aún puede “llamarles la atención”. Quizá en
cursos superiores, y especialmente en tercer ciclo, los príncipes y las
princesas no sean lo más adecuado, si no es con una adaptación mucho más severa,
para iniciarlos en el mundo del relato
maravilloso.
Voy
a mantener, como ya he dicho, los grandes rasgos del relato, cambiando solo los
aspectos más morbosos y complicados para su edad. Mantendré un tipo de
narración sencilla, sin abusar de oraciones subordinadas o de descripciones
demasiado complejas, aunque tampoco simplificaremos
demasiado el texto. Tendrá una longitud importante y tramos de comprensión un
poco más difícil. Al fin y al cabo, pretendo que se diviertan, pero también que
mejoren a nivel sintáctico y de vocabulario.
Más
específicamente, he evitado el tema del incesto, cambiando ligeramente la
historia.
Mantengo
el esquema básico de los cuentos maravillosos, describiendo el paso de la
infancia a la edad adulta. Un poco por voluntad propia y un mucho por las
circunstancias, la protagonista de la historia se ve obligada a dejar su hogar
y a realizar un viaje iniciático, superando diferentes pruebas para llegar a la
edad adulta.
Pero,
no sólo he intentado respetar las características que enumeré en mi anterior
artículo que podían definir a un buen adaptador de cuentos, he intentado
también respetar uno de los puntos que más me han llamado la atención de los
textos folclóricos: Los cambios que se producen en las historias debido a su
trasmisión, tanto vertical como horizontal. Lejos de repetir varias veces la
grabación de la narración y transcribir fielmente, he escuchado una sola vez el
audio y he intentado una reproducción lo más fidedigna posible. Seguro que
Irune advierte ciertos cambios con su original, pero creo que esta es la magia
de los relatos folclóricos, y, romperla, me producía cierta consternación.
Sin
más dilación, el relato:
TODA
CLASE DE PIELES
Érase
que se era, en un país muy lejano, un maravilloso reino, gobernado por una no
menos maravillosa reina, pero también por un malvado y malhumorado Rey.
Los
Reyes habían tenido dos hijos, el primero varón, y la segunda, la más pequeña,
una preciosa niña. Tan preciosa, que tenía la melena rubia más larga que podáis
imaginar, los ojos azules como el cielo más limpio, y los dientes blancos y
relucientes como perlas.
La
reina trataba a los dos hijos por igual, les prestaba la misma atención y les
dedicaba los mismos cuidados. Pero el rey, que ya había tenido un primogénito
varón, y por tanto heredero, prácticamente olvidaba a su hija.
El
monarca solo pensaba en su reino, dedicaba gran parte de su tiempo a los
quehaceres propios de la profesión, y el resto, a preparar a su hijo para su
futuro reinado.
Llegó
el año en que la princesa cumpliría su mayoría de edad y la reina, encantada
con la noticia, se dispuso a preparar una magnífica fiesta.
-Quiero
que mi hija tenga la ropa más bonita del reino, así que deseo que se le
confeccionen cuatro vestidos únicos- explicó a los sastres que había mandado llamar.
-El
primero- prosiguió- más dorado que el sol; el segundo, más plateado que la
luna; el tercero, más brillante que las estrellas-
-¿Y
el último?-Preguntaron los sastres intrigados
-El
último, será muy muy especial. El último quiero que sea de pieles, pero que
tenga un trozo de piel de cada animal del planeta-
-Pero
eso es imposible-Espetaron los sastres
-Y
muy caro para alguien que ni siquiera gobernará mi reino- Grito el rey con su
habitual mal humor- ¿No podemos hacerle regalos más baratos?-
-No-replicó
la reina-Quiero que mi hija se sienta especial, nunca le haces caso, y esta vez
es una celebración que no se repetirá jamás-
Abrumado
por tales argumentos, el rey dio su brazo a torcer, pero frunció el ceño,
maquinando quien sabe que intrigantes planes.
Y
pasaron los meses, y se utilizó hilo de oro para el primer atuendo, y de plata
para el segundo, y miles de diamantes para el tercero. Y los sastres tejieron,
cortaron y unieron. Y los vestidos, el más dorado que el sol, y el más plateado
que la luna, y el más brillante que las estrellas, estuvieron listos. Y los
cazadores consiguieron las pieles, y los curtidores las prepararon, y los
sastres volvieron a coser, y el vestido de toda clase de pieles, estuvo también
preparado. Y llegó el día del gran cumpleaños.
Ese
día, la reina se levantó emocionada, pensando en todo lo que podría disfrutar
su pequeña. No podía imaginar lo que acontecería después. El rey le llamó a su
despacho y le explicó su terrible plan.
-Hoy
es el cumpleaños de tu adorada hija, por fin vas a poder darle esos vestidos
con los que te encaprichaste- Le dijo con una sonrisilla malévola
-Si,
se me ha hecho muy larga la espera- Respondió la reina sin sospechar nada.
-Pues
que sepas,-dijo el rey con voz cada vez más grave-que esos vestidos van a
servir de dote. He hablado con el rey del reino colindante, y mañana mismo su
hijo y nuestra hija contraerán matrimonio-
La
reina ahogó un sollozo, pero fue incapaz de articular palabra
-Y
que sepas- prosiguió él- que vamos a conseguir parte de sus tierras y de su
ejército, seremos aún más poderosos.
-¿Pero
es que no te importa nada tu hija?- habló por fin la reina- Dicen que ese
príncipe no consigue esposa por su manera de tratar a las mujeres, dicen que
incluso las pega y las maltrata. Además, es veinte años mayor que ella, y es
muy feo, parece un monstruo- la reina no acaba de creer lo que oía.
-Me
importa mucho más el nuestro gobierno; tu hija, siempre fue un estorbo desde su
nacimiento-Las palabras del rey eran cada vez más crueles.
La
reina decidió advertir a la princesa, y subió corriendo hasta sus aposentos.
Le
contó los planes de su padre y esperó la reacción de la princesa, que no se
hizo esperar.
-Mamá,
te quiero mucho, pero si eso es lo que me depara quedarme a vivir aquí, hoy
mismo me escaparé-
-Hija
mía, te quiero mucho, pero prefiero sentir que eres libre, aunque no
vuelva a verte, que observar todos los
días tu tormento-la reina cogió aire, al borde del llanto-Pero antes de que
marches, quiero que te lleves esto como recuerdo- y descolgó una cadena de oro
que llevaba al cuello, introduciendo una pequeña medalla, una bota de oro en
miniatura y la alianza que portaba en su mano derecha-Ya no la
quiero-explicó-ya no me trae ningún recuerdo bueno.
La
madre y la hija se fundieron en un emotivo abrazo, pero la reina lo
interrumpió, pues había recordado algo.
-Hija,
quiero que te lleves una cosa más. Tu padre los pensaba usar como dote, pues su
fabricación ha sido muy costosa, pero me da igual que se enfade, al fin y al
cabo, eran tu regalo de cumpleaños- y le mostró los cuatro vestidos tejidos
para la ocasión.
-Mamá,
son preciosos-
-Ni
comparables a tu belleza-halagó la reina-Tu padre llegará en breve para
explicar su plan, y ya no podrás huir.
La
princesa se colocó los cuatro vestidos, uno encima de otro, dejando para el
final el de toda clase de pieles. Bajó corriendo las escaleras de la torre
donde se encontraba su habitación, y dobló la esquina que le conducía a la
puerta del castillo, justo antes de ver a su padre que, escoltado por dos
soldados, se dirigía a buscarle para comunicarle los planes de boda.
La
joven entró corriendo en el bosque, y no paró de correr en todo el día. Se
escondió dentro de un tronco hueco para dormir, y emprendió marcha al día
siguiente. Después de dos días de frenética huida, pensó que sería mejor correr
por la noche y dormir durante el día, y así lo hizo.
Pasó
una semana, o diez días, o quien sabe si quince. La princesa había perdido la
noción del tiempo. Estaba desorientada, cansada, y hambrienta. Tenía la cara
sucia, el pelo enmarañado, y las manos negras. Cierta mañana, escuchó ruido de
pasos y de ladridos. Se acurrucó aún más en el tronco donde pensaba dormir,
intentando pasar inadvertida. -¿serán los perros de los cazadores de mi
padre?-se preguntaba aterrada-espero que no me huelan.
Pero
el olfato de los perros era muy fino, y enseguida rodearon el árbol hueco y
comenzaron a ladrar. Los cazadores, que solo veían un montón de pelo rubio y
una extraña combinación de pieles, se prepararon para disparar.
-Alto
por favor, no soy ningún animal-comenzó a gritar la princesa
Los
cazadores sacaron a la joven de su agujero, pero cuando le interrogaron sobre
su nombre y procedencia, solo obtuvieron una respuesta:
-Soy
un pobre animal perdido, que no sabe de donde viene ni adonde va-La princesa
esperaba que la tomaran por loca y que la llevaran con ellos sin hacer más
preguntas, pues ya se había dado cuenta que los cazadores no eran del reino de
su padre.
Efectivamente,
decidieron llevarla con ellos, al castillo de su rey, donde de nuevo fue
interrogada y donde pronunció las mismas palabras que en el bosque:
-Soy
un pobre animal perdido, que no sabe de donde viene ni adonde va-
El
rey pensó que aquella chica estaba loca, pero como tenía buen corazón, le mandó
a trabajar a las cocinas de palacio. Allí, todo el mundo empezó a llamarle Toda-clase-de-pieles.
Toda-clase-de-pieles
mantenía su cara ennegrecida, sus manos sucias y sus abrigos puestos. Su
belleza seguía pasando desapercibida. Empezó barriendo y fregando, pero poco a
poco fue ganándose la confianza del cocinero, realizando pequeñas labores
propias de la cocina. Cuando más integrada empezaba a encontrarse, se enteró de
que se iba a celebrar un gigantesco baile (tan grande que duraría tres días),
para que el príncipe heredero eligiese esposa. -¡Dios, si es guapísimo!-pensó-
ojala pudiera ser yo la afortunada.
Así
que, ni corta ni perezosa, Toda-clase-de-pieles pidió al cocinero asomarse al
baile para poder disfrutar del espectáculo.
-Está
bien- le dijo este- pero yo voy a estar muy atareado, de modo que tendrás que
volver a tiempo de preparar el caldo que el príncipe toma todas las noches
antes de acostarse-
La
otro tiempo princesa, corrió a su habitación, se lavó la cara y las manos, se
cepilló el cabello y se quitó los otros vestidos, dejando a la vista, el que
era más dorado que el sol.
Toda-clase-de-pieles
volvía a resplandecer. Desde el momento en que entró en el baile, su belleza
eclipsó a la del resto de pretendientas. El príncipe bailó, charló, y se rió
con ella. Pero cuando avanzó la tarde, el rey recriminó a éste que solo tuviese
ojos para una mujer, y Toda-clase-de-pieles aprovechó el momento para escapar.
Fue a su cuarto, se tiznó la cara y las manos, se colocó el abrigo de pieles y
regresó a la cocina para preparar el caldo. Se lo llevó al príncipe en un
cuenco, pero dejó caer dentro la pequeña medalla que su madre le había
regalado. El príncipe encontró el objeto al acabar el caldo, y, extrañado, bajó
a preguntar al cocinero.
-¿Quién
preparó mi caldo de esta noche?-
-Yo,
majestad-mintió el susodicho-¿acaso no era de su agrado?-
-¡Oh
si!, estaba mejor que nunca.- ¿Y no dejaste caer nada dentro?
-No
majestad, tuve mucho cuidado al prepararlo-
-Está
bien, que descanséis- acabó la conversación el príncipe, de vuelta a su
habitación .
El
cocinero, enfadado, recriminó a Toda-clase-de-pieles que seguramente habría
dejado caer un pelo en el caldo, pero como el príncipe parecía contento, no
insistió demasiado en el tema.
El
segundo día de baile, se repitió el proceder del primero. Esta vez, Toda-clase-de-pieles
apareció con su vestido más plateado que la luna. De nuevo, se repitieron las
escenas de la noche anterior, y de nuevo, nuestra protagonista aprovechó las
recriminaciones del rey para huir a su habitación, ennegrecer su pelo, su cara
y sus manos, y preparar el caldo. Esta vez, dejó caer la pequeña bota de oro en
el cuenco, y llevó el caldo al príncipe.
Éste,
se encontraba en su habitación, pensando… -¿Quién era la maravillosa muchacha?-
Esta claro que era de alta cuna, pues sabía hablar, moverse y comportarse, sin
embargo, nadie parecía conocerla. En esas estaba, cuando llamaron a su puerta.
Cogió el caldo, lo bebió, y aún más extrañado que el primer día, extrajo el
objeto dorado. Bajó presuroso a la cocina, y repitió el interrogatorio de la
noche anterior, obteniendo las mismas respuestas. Cabizbajo, regresó a
descansar, pues le quedaba aún el último día de baile.
Mientras,
el cocinero abroncaba a Toda-clase-de-pieles, pues, si bien el caldo estaba muy
bueno, el príncipe había vuelto a encontrar algo dentro.
-¡Sólo
espero que mañana tengas mucho más cuidado- Advirtió con tono grave.
Y
llegó por fin, el último día de baile. Esta vez, Toda-clase-de-pieles se puso
su vestido más brillante que las estrellas, y el resultado fue demoledor.
Incluso algunas de las damas presentes en la fiesta no pudieron más que abrir
la boca al verla. El príncipe, decidido a no dejarla escapar, se pegó a ella
desde el inicio, y no se separó en toda la noche. Solo cuando el baile
agonizaba, y exhortado por su padre, se alejó unos metros de ella para despedir
a alguna de las pretendientas. Toda-clase-de-pieles salió corriendo, más rápido
que nunca, pues veía que no iba a poder preparar el caldo. Entró en su
habitación, pero con las prisas, solo tiznó su cara y enmarañó su pelo, dejando
las manos resplandecientes. Preparó el caldo, y deslizó en el cuenco el último
objeto de su collar, el último recuerdo de su madre: El anillo de casada.
Llamó
a la puerta del príncipe con la cabeza baja, como siempre, y se extrañó cuando
este le mandó pasar, y le hizo esperar delante de él, mientras se tomaba
el
sabroso líquido.
Acabando
el cuenco, el futuro rey encontró el anillo y se lo mostró a toda-clase-de-pieles.
-¿Sabes
lo que es esto?- le preguntó
-No-masculló
ella, avergonzada-
-Pues
es un anillo-comenzó, sonriente- igual que el que he deslizado en tu dedo
corazón mientras bailábamos esta noche, y que has olvidado quitarte-
Toda-clase-de-pieles fijó su vista en su mano
derecha, donde chispeaba un bonito anillo dorado, y, avergonzada, levanto la
vista hacia el príncipe. Este, tomándole de las manos, le dijo:
-No
me importa de donde vienes, ni tu pasado, solo se que te quiero, y que mañana
mismo nos casaremos-
Y
así fue como Toda-clase-de-pieles recuperó su condición de princesa. Y los dos
vivieron juntos y muy felices.
Y
colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Un trabajo estupendo. Enhorabuena.
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